Se
planto frente al mar con ganas de comérselo, respiro muy hondo, todo
su cuerpo se lleno de salitre, esa sal que le rejuvenecía por
momentos, estaba en el mejor lugar del mundo, no estaba sola, en su
mano derecha sostenía tal vez lo que fuera lo mas preciado de su
vida, su pequeña tabla azul brillaba ante ese sol reluciente que
quemaba cada poro de su piel.